viernes, 16 de noviembre de 2012

La mentira de los 21 gramos del alma

El Doctor en Medicina Duncan MacDougall, de Haverhill, Massachussets, publicó en marzo de 1907 una "demostración científica" de la existencia del alma. Partió de la idea de que si las funciones psíquicas continúan existiendo como una personalidad o individualidad separada después de la muerte del cuerpo y el cerebro, entonces tal individualidad sólo puede existir como un cuerpo ocupante de espacio. Y como tal, debería tener una cierta masa, que al desprenderse del cuerpo, pueda notarse una diferencia de peso en el cuerpo.
Utilizando a seis pacientes terminales de quienes no da mas detalles más que su sexo y que se encontraban agonizantes. Los resultados fueron los siguientes:


 
1. "De repente, y coincidiendo con el momento de la muerte, el peso disminuyó en 3 cuartos de onza (21,3 gramos)."

2. "El peso perdido resultó ser media onza, luego un rato mi colega determinó que el corazón se había detenido. Me fijé de nuevo y la pérdida era de una onza y media y 50 granos (45,8 gramos)"

3. "Mi tercer caso mostró una pérdida de media onza, coincidente con la muerte, y una pérdida de otra onza algunos minutos después (un total de 42,65 gramos)" (evidentemente este paciente tenía dos personalidades cuyas almas se fueron en momentos diferentes..)

4. "En el cuarto caso, desgraciadamente las escalas no fueron bien ajustadas, y hubo interferencia por parte de personas que se oponían a nuestro trabajo (!)... Lamento que esta prueba no haya dado resultados."

5. "En el quinto caso la aguja de la balanza se inclinó mostrando una pérdida de tres octavos de onza (10,6 gramos), pero luego volvió a su posición inicial, donde se mantuvo 15 minutos a pesar de quitar las pesitas (!?)" (en este caso, podemos apreciar que el alma se resistía a irse del cuerpo..)

6. "Mi sexto paciente murió justo cinco minutos después de colocarlo sobre la balanza, mientras estaba ajustando la aguja medidora, así que no sirve el dato."

 
Si bien se "registró" una pérdida de peso en algunos pacientes, no tiene sentido ni siquiera buscar una explicación, ya que el experimento está lleno de fallos por todos lados.

Es bastante incoherente formular algo cuando se tiene una muestra de tan sólo seis individuos, de los cuales sólo se pudieron coger datos de cuatro de ellos. 
Obviamente este experimento no tiene ningún valor científico, y dudamos  de que el propio MacDougall se lo creyese.
Después de todo, ¿cómo vamos a pesar algo del que no tenemos indicios de que exista? Fácil respuesta, la estupidez humana se antepone a todo.

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